El vino, el tango, el futbol y las mujeres (Julio Alberto Wong Un)

(Para mi hija Paula)


Y aqui yo me condeno, Eduardo, a decirlo todo en castellano. 
En esta noche carioca que sé que amabas. A decirlo
En viejo español, como remedo de quechua, de tupi, de makiricari, de aymara, de espacio abierto donde vos posarás con alas abiertas como condor gigante y renegón y querido y sabido y enamorador. 

Y hoy de nuevo te encuentro. Justo a tiempo de decir chau. 

Como me pasó en el valle sagrado de Urubamba donde pintaste los cerditos. Y donde al final ningún reloj atrasará en las muñecas de los niños que piden "se la canto señor?"

Como también pasó en ese valle de Baños del Inca y de Otuzco donde los dibujos en la piedra fueron rescatados para tus libros de poesía y leveza despreocupada. 

O como cuando en Bezerros Pernambuco me di cuenta que vos usaste con admiración los grabados de J Borges que estaban delante de mis ojos exactamente en ese momento en que te recordaba. En su taller yo conversaba contigo calladito. 

Te decía Eduardo que me condeno. Me condeno en este país de otro idioma. Donde se te traduce y se te reinventa. Y donde vos viviste feliz aqui en Rio de Janeiro y donse algunos muchos hasta te quieren muchísimo. Y sueñan que vos les dibujes chanchitos coloridos en las manos. Pero donde nunca entenderán detalles sutiles, bellezas de lengua y de lenguaje. 

Pero me condeno en condena mejicana de ranchera o en aullido de tango de bulin. Condena condenada de alegría repleta. 

Porque en todo lugar te encuentro y vos me hablas, renegón, irónico, dulce y seductor. Y nada cambia con tu partida porque seguirás así impertinente y perceptivo. 

Hace un tiempito miré una foto de tu mesita vanidosa en el viejo café brasileiro de Montevideo. Y yo me sentí allá, espiando o contemplando todo: tu forma de decir el mundo com durezas y bellezas, con un buen café y buenos vinos. Cuánta utopía por esas callecitas estará impregnada por muchos años. 

Y yo seguiré encontrándote porque buena parte de lo que soy vos lo imaginaste en frases que nos cambian. Y yo sólo tuve que transformarlo en hecho y camino. 

Viejo alquimista. Viejo eterno. Sueño ahora que nos estés soñando. 

Que siempre dances. Que siempre hagas el amor. Como los verdaderos dioses amorosos. 

Ciudad de Río de Janeiro. Abril 13. 








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